Resolución

¡Cómo deseaba acercarme a Catti-brie después de darme cuenta de los peligros que encerraba su espada! ¡Cómo deseaba estar a su lado y protegerla! Al fin y al cabo, el arma la había poseído y estaba imbuida con un magia poderosa y obviamente sensitiva.

Catti-brie quería tenerme a su lado —¿quién no querría el respaldo de un amigo cuando se enfrenta a una situación tan comprometida?

Pero no podía, no debía tenerme junto a ella, pues sabía que era una batalla que tenía que sostener ella sola.

Yo tenía que respetar su decisión, y, en aquellos días en que el Tiempo de Conflictos llegaba a su fin y la magia del mundo volvía a su ser una vez más, me di cuenta de que a veces las batallas más difíciles son las que nos vemos forzados a no combatir.


Comprendí por qué los padres y las madres casi nunca tienen uñas a fuerza de mordérselas y con frecuencia en sus semblantes hay una expresión de triste resignación. ¡Qué agonía debe de ser para un padre de Luna Plateada que su hijo, que ya no es un niño, le diga que ha decidido emprender viaje hacia el oeste, hacia Aguas Profundas, para navegar a la aventura por la costa de la Espada!

El instinto de ese padre quiere gritar «¡quédate!», estrechar a su hijo en sus brazos, protegerlo para siempre. Y, sin embargo, en definitiva, esos instintos son erróneos.


No hay mayor dolor para el corazón que contemplar los afanes de alguien a quien amas, sabiendo que sólo a través de tales conflictos ese ser querido crecerá y descubrirá el potencial de su existencia. Demasiados ladrones en los Reinos creen que la fórmula de la felicidad está en el hallazgo de un tesoro sin vigilancia.


Demasiados hechiceros buscan burlar los años de estudio requeridos para alcanzar el verdadero poder. Encuentran un conjuro o un pergamino o un objeto encantado que está más allá de su comprensión, pero, aun así, lo prueban y acaban consumidos por la poderosa magia. Demasiados clérigos, y demasiadas sectas religiosas en general, sólo piden de si mismos y de sus congregaciones una servidumbre sumisa

El logro es el ingrediente más importante en la fórmula para la felicidad de cualquier ser racional. Es el elemento que cimenta la seguridad en uno mismo y nos permite emprender empresas mayores. Es el componente que promueve un sentido de autoestima, que permite a cualquier persona creer que la vida en sí merece la pena,

que da un sentido de propósito que nos alienta cuando nos enfrentamos a las preguntas incontestables de la vida.

Así ocurrió con Catti-brie y su espada. Esta batalla le había salido al paso, y ella había decidido combatirla. De haber seguido mi instinto protector, me habría negado a ayudarla a emprender esta tarea. Mi instinto protector me instaba a hablar con Bruenor, que sin duda habría ordenado que la espada sensitiva fuera destruida.


Pero, al hacer eso o tomar cualquier otra medida para impedir la batalla de Catti-brie, de hecho habría demostrado que no tenía confianza en ella, no habría respetado sus necesidades como individuo y su derecho a elegir su propio destino, y, en consecuencia, le habría robado parte de su libertad. Ése fue el único fallo de Wulfgar.


En su temor por la mujer a quien tanto amaba, el valiente y orgulloso bárbaro intentó reprimirla en su protector abrazo.


Creo que comprendió su error en los momentos previos a su muerte. Creo que entonces recordó las razones por las que amaba a Catti-brie: su fortaleza e independencia. Es irónico que a menudo nuestro instinto vaya en contra de lo que realmente deseamos para aquellos a los que amamos.


En la situación que antes mencioné, el padre tendría que dejar que su hijo se marchara hacia Aguas Profundas y la Costa de la Espada. Con Catti-brie era lo mismo. Ella eligió quedarse con la espada, eligió explorar ese lado sensitivo del arma, quizás a costa de un grave riesgo personal. La decisión era suya, y, una vez que la tomó, yo tenía que respetarla; tenía que respetarla a ella.


No la vi mucho durante las siguientes dos semanas mientras sostenía su lucha privada.

Pero pensé en ella y me preocupé por ella cada segundo de las horas de vigilia y también en mis sueños.

 

Drizzt Do’Urden

 

 

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